Entrar en el mundo de Chico Andrades (Ronda 1968) es hacerlo en un lugar mágico, que muestra la esencia más primitiva de la naturaleza, donde los únicos trazos de humanidad provienen de las creaciones de la madre Tierra. Siendo lo que llaman ahora un friki, no puedo evitar comparar las tallas descubiertas a golpe de cincel en la madera con aquellos Ents que habitaban el bosque de Fangorn en la obra de Tolkien.
Este escultor de la naturaleza inicia su formación artística en el año 2004 de la mano del escultor Ricardo Dávila, en la ya desaparecida escuela de talla de Parauta. Allí descubre el mundo de la escultura en madera y piedra. Más tarde forma parte del colectivo artístico Grupo Algorma (Ricardo Dávila, Chico Andrades y Diego Guerrero) con los que realiza esculturas de gran tamaño utilizando los desechos naturales del Valle del Genal (castaños quemados). Participa con este grupo en varias exposiciones y eventos.
Posteriormente abre dos negocios junto al artista Diego Guerrero, donde tallan en directo y exponen su obra y la de varios artistas y artesanos de la Serranía de Ronda. En la actualidad tiene su propia tienda en la parte antigua de Ronda (Málaga), concretamente en la plaza Mondragón frente al museo de Ronda, donde talla, expone y vende su trabajo al público.
Trabaja las raíces de olivo de forma directa, inspirándose en las formas naturales que va encontrando y respetando siempre el trabajo de la naturaleza, a la vez que lo dota del toque único del artista, volviendo a insuflar vida a la materia antaño vigorosa.
Amante del cómic y la caricatura, nunca dibuja, mide o traza, no tiene en cuenta proporción alguna y huye totalmente de la simetría. Simplemente ataca el material buscando los personajes que se encuentran en su interior, dando como resultado obras que nunca se repiten.
En este encuentro con el artista rondeño, hemos querido aprovechar para hacerle algunas preguntas sobre su trabajo. ¿Cuando surgió tu vínculo con la escultura?
En el año 2004 tuve la gran suerte de conocer al escultor gallego Ricardo Dávila , con el que descubrí el mundo de la talla y la escultura sobre madera y piedra. Un mundo de formas y volúmenes que me cautivaron y descubrí algo más grande aún: “La felicidad de crear”.
¿A qué artistas puedes nombrar como maestros o inspiración?
Por supuesto como maestro nombro a Ricardo Dávila que despertó en mi todo esto. Mi inspiración nace realmente de la forma natural de cada raíz de olivo, de sus curvas, de sus huecos, de su movimiento, así que podríamos decir que mi inspiración nace de la propia naturaleza.
¿De dónde sale la idea de crear estas figuras de corte fantástico?
Siempre he tenido una debilidad por la caricatura y el cómic. Lo que estudié con Ricardo Dávila fueron básicamente rostros humanos, pero el proceso de creación me aburría un poco, eso de estar midiendo continuamente y de tener que mantener unas proporciones sentía que me limitaba, así que pensé ¿porqué no crear personajes sin tener en cuenta nada?, ni simetría ,ni proporciones. Entonces nació lo que llamé “Barbaridades anatómicas”, y me di cuenta del placer de tallar sin tener que pensar, ya que estoy convencido que la inspiración no viene del pensamiento sino de otro lugar mucho más profundo.
¿Cuáles son los proyectos actuales y futuros de Chico Andrades?
Como proyecto actual quiero seguir descubriéndome en mi tienda-taller, aquí en el casco histórico de Ronda , donde tallo en directo y vendo mi trabajo para todas las partes del mundo. No pienso mucho en el futuro, prefiero vivir en el momento presente.
¿Algún nombre propio u obra, ya sea en escultura o de cualquier otra rama artística, que te haya resultado interesante en los últimos tiempos?
Interesante me resulta casi todo lo que veo, pero desde siempre me atrajo de una mágica manera ‘El Guernica’, de Picasso.
Publicado en La Opinión de Málaga el 27/11/2009 Ver
A veces es fácil orientar tus gustos artísticos, simplemente hay cosas que te producen una sensación especial, pero no hay nada más gratificante al contemplar una obra que poder destramar el verdadero significado encerrado tras esa amalgama de colores, conocer los incentivos e intenciones del artista y las emociones escondidas detrás de cada pincelada.
Eso es lo que puedo decir de las pinturas de Salvador Mancilla (Guaro 1953), autodidacta a la fuerza, de casta y tradición, apasionado de los clásicos, enamorado de las artes, de todo lo que representa belleza, pero sobre todo, y lo más importante, persona. Muchos dirán que usar ese término es fácil, pero hoy en día no es tan sencillo aplicarlo, es complicado encontrar a alguien que disfruta con sus amigos, con una tertulia sobre Caravaggio o Tintoretto, con su huerto de enrevesados olivos en Guaro…..en definitiva, con las sencillas pero más importantes cosas de la vida.
Lo aquí escrito no es solo una dedicatoria a este pintor guareño, es también un homenaje a muchos artistas en su misma situación, que ha sido la de poseer un talento enorme pero por circunstancias de la vida no dieron el gran paso o no han tenido el apoyo necesario para poner su arte en el lugar que le corresponde. Estoy seguro que en cada pueblo o provincia hay muchísimos de estos casos, todo el mundo conoce a alguien que es digno de admiración por su facilidad de plasmar lo que siente, pero no ha sido capaz de traspasar las fronteras más cercanas.
Hace 15, 20 o 30 años no había Internet con portales de fomento cultural, redes sociales como Facebook o canales de video tipo Youtube, que hacen posible mostrar la obra de cualquier artista en todos los lugares del mundo. Tampoco había cientos de medios de difusión como canales de televisión por doquier, medios digitales, suplementos, radios y tantos otros que sirven para mostrar lo más novedoso del arte en los lugares más recónditos del globo terrestre. Por eso hay que recordar que muchos artesanos y artistas han sido personajes anónimos, cuya obra se ha perdido por el inexorables paso del tiempo, gente de a pie que muy pocos tuvieron la maravillosa experiencia de tratar y que en cualquier otra época o lugar hubiesen sido reconocidos.
La primera vez que vi “Remiendos de la vejez” quedé prendado del cuadro, me parecía una sutil combinación entre el realismo contemporáneo y la esencia de aquellos románticos prerrafaelistas que intentaban mostrar la belleza del entorno de forma precisa, con la diferencia que esos pintores del XIX preferían la temática clásica o medieval, y en este caso la expresividad se hace patente en lo tradicional para nosotros, en cada arruga del rostro del pescador, como un legado de las experiencias vividas. Ese estilo lo volví a encontrar en “Los membrillos”, “Mirada al pasado”, “Las Naranjas de mi huerto” y tantos otros óleos que he tenido la suerte de poder disfrutar.
Pero si hay algo que tengo que agradecer a Salvador es el haber podido disfrutar en su compañía de lo que llamo “encuentros generacionales”. Para cualquier apasionado del arte es un verdadero placer el poder hablar, escuchar y, sobre todo, aprender de alguien que ha dedicado gran parte de su vida a ello, y tiene el punto de vista del que ha podido vivir las corrientes o vanguardias creativas de los últimos 50 años. Una experiencia así no se puede pagar con nada, es la pura esencia del arte, y eso, por mucho que digan, no se aprende en ningún aula.
En mi memoria quedan aquellas charlas sobre Alma Tadema (espero que algún día te pueda convencer de que me hagas una copia de “Las rosas de Heliogábalo”), las vírgenes y los angelotes de Bouguereau, el perfeccionismo de Eduardo Naranjo, la manera de hacer la pintura y los estarcidos de Miguel Angel, lo bien que pintaba el padre de Picasso y la madre que pario a más de un museo por tener escondidas tan buenas obras en sus “mazmorras”.
No voy a hablar sobre sus exposiciones, no es prolífico en ese aspecto por todo lo anteriormente explicado, y la mayoría tuvieron lugar en los tiempos en que Felipe González llevaba chaqueta de pana. Únicamente asistí hace tres años a un encuentro de artistas marbellís donde aportó su granito de arena con una copia de “La Virgen con ángeles” de William-Adolphe Bouguereau.
Para concluir, pienso que todos los jóvenes que somos aficionados a la cultura o los que tenemos alguna aptitud creativa podemos (y deberíamos) aprender de artistas como este. Sobre todo porque nos dejamos llevar por las nuevas tendencias, creemos que hoy en día solo se puede partir de la base del diseño vectorial y el tratamiento de capas en Photoshop, que lo leído en Arte y Diseño es la panacea de la creación, que solo podemos absorber conocimiento de los estudios de diseño más fashion de Londres o Tokio, y no es así. Puedo asegurar que se consiguen llenar muchas de nuestras lagunas formativas y/o creativas con un simple acercamiento a personas que tenemos muy a mano.
Imagen: Remiendos de la vejez. Oleo sobre lienzo.
Publicado en La Opinión de Málaga el 20/11/2009 Ver